viernes, 31 de agosto de 2012

EL COÑAC

El coñac debe su nombre a la región francesa donde se elabora (Cognac). Es el coñac una clase de brandy; muchas veces se tiende a englobar erróneamente a los dos conceptos como equivalentes. Para denominarse Coñac, dicha bebida debe ser obligatoriamente elaborada en dicha región (cualidad de la denominación de origen propia), por lo que los países productores de coñac se limitan a Francia. En el resto de países, sabemos que se elabora brandy, no coñac.

Respecto a su descubrimiento hay dos versiones diferenciadas: la primera de ellas nos lleva al siglo XVIII, donde la decisión de los viticultores de transformar en aguardiente su vino (envejeciéndolo en toneles durante varios años), debido a la poca demanda existen sobre el mismo, conllevó el surgimiento de los primeros coñac con una tonalidad dorada, un olor atrayente y un sabor exquisito. Otros afirman que debido a la irrupción de marineros en la zona y su demanda en cuanto a vino, se procedió a hervir al mismo para que pudieran llevárselo en el menor espacio posible, originando de este modo a dicha bebida.

Para su elaboración empleamos el vino de uvas blancas sometido a un doble proceso de destilación en los famosos alambiques (en la primera destilación obtenemos el aguardiente brouillis con una graduación de unos 30 grados, y en la segunda el bon chaufe, en torno a 70 grados que posteriormente se rebajarán, a partir del cual se obtienen el coñac), y mantenido envejeciéndose en los toneles durante algo más de dos años, aspecto que marcará la calidad final de nuestro coñac.

El coñac se ha convertido en uno de los principales productos exportados en Francia, cuyo destino lo encontramos en países como Estados Unidos, Inglaterra, y países del continente asiático en general. Recordemos que el consumo en España es mayoritariamente de brandy, que es la producción autóctona (como sucede en Jerez y sus famosas elaboraciones).

Mediante su consumo moderado, nuestro corazón podrá beneficiarse de las propiedades cardiovasculares que posee el mismo.

Debido a su alta graduación alcohólica (alrededor de 40 grados), en el momento de beberlo nos calienta nuestro cuerpo, sentimos como el calor nos recorre, reconfortándonos en estaciones frías. Servido en copas anchas, pero de boca estrecha, se suele tomar a temperatura ambiente. Hay quienes prefieren añadir un cubito de hielo, pudiendo disfrutarlo igualmente mezclado con el café (el típico “carajillo” español), teniendo aplicaciones culinarias, utilizándose para diferentes recetas de cocina.

Para disfrutar mejor de sus cualidades, debemos olerlo (el envejecimiento en los toneles de barrica, así como las características propias de su materia prima y el suelo de cultivo, nos darán unos aromas especiales), retenerlo en la mano para que adquiera una temperatura adecuada, y posteriormente sorber lentamente, dejando que nuestro paladar detecte lo evocador de su sabor y las sensaciones que nos produce.

Podemos encontrarnos, en virtud de sus años de envejecimiento, las siguientes denominaciones de coñac:
  • El “Tres estrellas”, dejado envejecer por un período de al menos 30 meses y como máximo de poco más de cuatro años.

  • El Reserva, cuyo periodo mínimo de envejecimiento es el de cuatro años y medio, siendo algo más de seis años su período máximo de permanencia en barricas.

  • Y, por último, el Napoleón, contando éste con un envejecimiento a partir de los seis años y medio.
En cuanto a las marcas de coñac con mayor reputación, podemos nombrar a las siguientes:
  • Courvoisier, desde comienzos del siglo XIX, conocido por “el coñac de Napoleón”, siendo el preferido de los monarcas franceses de la época.

  • Remy Martin, con presencia de más de 300 años entre nosotros, cuenta con el “Louis XIII” como producto estrella.

  • Hennessy, compañía cuyo origen se remonta a mediados del siglo XVIII, siendo el “Hennessy X.O.” su producto estrella.

  • Martell, creada a principios del siglo XVIII, tiene a sus coñacs entre los mejores del mercado.

  • Otras marcas como: Delamain, Lautrec, Chateau Beaulon, y Landy.
En la corte rusa de los zares no se conformaban con cualquier cosa. Querían estar rodeados de la elegancia francesa y eran grandes bebedores. Por eso, la Emperatriz María Feodorovna encargó a Hennessy un Cognac (con mayúsculas) para celebrar el 42 cumpleaños de su hijo, el Zar Alejandro I. La casa francesa recogió el pedido, lo creó y en la Corte Imperial rusa se quedaron contentos.

Ahora, doscientos años después el Maître des Chais de Hennessy recupera esta bebida única, el Hennessy Paradis Imperial. Y única debía ser también la botella. El diseño se encargó al diseñador Stéphanie Balini, quién se inspiró en los trajes de las mujeres de la corte. Esta botella de cristal pesadísimo cuesta 1.600€. Este precio la coloca en una órbita diferente a la de las bebidas comunes. Es el precio de un símbolo de una era de magnificencia que se fue. Hoy, los chinos son algunos de los compradores de este líquido
color caramelo.

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